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kyoto

Estoy en el albergue de Kyoto, después de varios días por la ciudad. Como bien apuntaba Xesco, es un lugar para estar varias semanas para verlo todo con tranquilidad; pero tres días es lo que había, así que me he dedicado a ver lo que me ha parecido más interesante.

Supongo que al igual que los guiris que van a España y se dedican a ver catedrales y acaban hasta los mismísmos de ellas, aquí pasa más o menos lo mismo con los templos budistas y sintoístas. Y es que Kyoto es el lugar de los templos por doquier:



Templos en los cuatro puntos cardinales. Todavía estoy en bastante encantado con ellos, pero no me extrañaría que cuando acabe este mini viaje esté un poco hartito de todos ellos.

Haré un repaso por los sitios que me han gustado más:

Primero, "el Paseo del Filósofo". Es un paseo de un kilómetro más o menos por un paraje muy tranquilo. Sigue el curso de un riachuelo y está rodeado por árboles; por lo visto, en primavera todos los árboles florecen y el lugar gana varios enteros, pero con lo que he visto ya me ha parecido chulo.



En realidad no tiene más que eso, pero es un magnífico ejemplo de la diferencia entre lo que puede ofrecer Tokyo y Kyoto.

Al finallizar el paseo está el templo de Nanzen, con una discretísima puerta en su entrada.



Y dos de las cosas más características que tiene Kyoto: el templo de Ryoan (que quiere decir "dragón pacífico"), en donde está uno de los jardines zen más famosos del mundo.



Por cierto, respecto a los jardines zen, estuve también en el del templo Daitoku. Allí no me permitieron hacer fotos, pero me dieron una guía con el significado del jardín. Una ida de olla, con ríos de la vida, muros que representan nuestras dudas, océanos y representaciones de animales que nos ayudan en las diferentes etapas de nuestra vida. Sin embargo, en este del Ryoan, el panfletillo decia: "este jardín está abierto a la interpretación de cada uno". Y más anchos que altos. Yo me quedo con "en la vida nos encontraremos rabos de muchos tipos: grandes, pequeños, y vendrán acompañados o serán solitarios; a veces habrá épocas en las que no habrá rabo que valga. Como las rocas en la inmensidad del jardín". Si es que cuando uno se pone, sale oro.

Y por último, el santuario Fushimi. Grandioso, sin más. Un par de horas de paseo bajo las toriis y la sombra de los árboles.



Ha habido varias anécdotas durante este viaje:

La primera, cuando estuve en el templo de Nanzen, me encontré a un italiano que me preguntó en japonés si era de Italia. Le respondí, de nuevo en japonés, que no, y con la tontería continuamos hablando así. Estuvimos un par de horas charlando y haciendo turismo, y los japos de verdad que nos veían hablar se quedaban flipados :)

La siguiente, cuando estaba en el templo de Daitoku. No había practicamente nadie, aquello era un remanso de paz y sólo se veía a alguna persona encargada del templo. Pues bien, veo a dos turistas que llegan caminando en dirección contraria a la mía y cuando están a mi altura, le digo a la chica:

- Perdona... ¿Nos conocemos?
- Tú has ido al mismo colegio que yo, ¿no?

Efectivamente, una compañera del colegio. Pedro, si me lees, era Patricia, la de COU. Mu fuet-te.

Cuando estaba en el santuario Fushimi me encontré con un grupete de barceloneses de mi edad más o menos y me acoplé a ellos. La verdad es que agradecí socializar un poco, porque llevaba tiempo sin poder comunicarme sin ningún tipo de barrera. Comimos en un sitio muy tranquilo en mitad del bosque del santuario, y les hice de traductor.





La última cosa que me pasó es una chorrada, pero me hizo mucha gracia: estaba dentro del metro cuando llegamos a una estación; en ella se iba a montar una madre con sus dos hijos, de unos 10 y 11 años. No sé muy bien qué ocurrió, pero el mayor le quitó el zapato a su hermano y sin querer se le cayó a la vía, entre el andén y el vagón. La madre se dió cuenta de lo sucedido cuando las puertas ya se habían cerrado, miró al chaval pequeño y este empezó a llorar porque le faltaba un zapato, mientras señalaba al hermano, acusándole. Éste, le daba explicaciones a la madre que no debieron ser muy conviencentes porque ella le arreó un PARAGUAZO en toda la cabeza que le dejó fino. Así que ahí estaba el panorama: un niño sin un zapato llorando, el otro también llorando les hostión que le dió la madre, y ella mirándome con cara de "es lo que hay", mientras sonreía tímidamente, ante lo ridículo de la situación.

 

Tags: japón
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  • fujisan

    Y por fin, el monte Fuij. El día no era muy bueno para hacer fotos, pero el hecho de ver sólo la silueta del monte relleno…

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